La intensión simple del lenguaje inclusivo.
Constantemente dentro y fuera de las aulas se habla de cuáles son los términos «correctos» para referirse hacia una persona con discapacidad o alguna otra condición, característica humana considerada diferente.
Algunos se molestan, a otros les da vergüenza decirlo «mal» y siempre hay alguien que ni siquiera se cuestiona sobre los términos que utiliza.
¡En cualquier temática siempre hay diversidad de posibilidades!
En este sentido, es importante recordar que como sociedad que evoluciona y se modifica.
También nuestra forma de comunicar y comprender las situaciones cambia con el tiempo.
Por ejemplo, actualmente nos comunicamos por medio de la tecnología, a partir de dibujos o “emojis” en tiempo real, mientras que en años atrás lo hacíamos por cartas escritas a mano cada semana.
Y aunque esto NO represente la vida actual de TODAS las personas, si representa nuestra diversidad y evolución.
¡Siempre hay detalles que nos llevan a cambiar! Y el lenguaje inclusivo es uno de estos.
Por esto para comprender mejor cual es la intensión simple detrás del lenguaje inclusivo es importante comprender primero…
¿Qué es lenguaje inclusivo?
De manera breve el lenguaje según la Real Academia Española es la “Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del so-nido articulado o de otros sistemas de signos”.
Mientras que el término inclusivo se refiere a un adjetivo que se califica una situación “Que incluye o tiene virtud y capacidad para incluir”. (RAE,2021)
En resumen, el lenguaje inclusivo es un medio para comunicar y expresar desde la virtud que otra persona se sienta parte y se resalte su condición humana antes que todo.
Considero que el propósito de estos términos es más sencillo de lo que parece.
Ya que no es si esta correcto o incorrecto, sino con que intención nos referimos hacia determinada persona.
¡Nuestras creencias son más poderosas de lo que pensamos!
La cuestión no está en que está bien y que está mal decir, está en la congruencia entre lo que cree, dice y hace. ¡Todo nace de sus creencias más arraigadas!
Ahí es donde está el sentido de un lenguaje inclusivo, no está directamente en los términos y las palabras, está en la posibilidad de cuestionar la creencia o concepto que hay detrás.
Por ejemplo, si usted cree que la población con discapacidad intelectual son personas enfermas, que hay que tratar con cuidado y no hay que prestar atención a lo que dicen, esto está acorde a su creencia si usted se refiera a ellos y ellas como tontos o disminuidos… o cuando los ve pasar por la calle por su cabeza pasa un ¡Pobrecito!
Mientras que, si considera a una persona ciega como alguien capaz, independiente, creativa y colaborativa, se acerca, le pregunta su nombre y si desea participar en determinada actividad…es coherente si se refiere a ellos como persona con discapacidad visual.
Le recuerdo que este artículo no es una evaluación para ver si lo digo “bien” o “mal”, sino que es un medio para que reflexione sobre cuanta coherencia hay entre lo que usted cree y dice.
Así que el cambio no está directamente en las palabras que utiliza sino en cómo observa usted a las personas consideradas diferentes o extrañas.
Dentro de los términos que se han ido modificando están:



También, debemos tomar en cuenta que cualquier hábito requiere de al menos un mes para ser modificado.
Así que no es tan fácil utilizar un término nuevo de hoy para mañana y menos cambiar una creencia ya aprendida.
No olvide que cada cambio necesita de un poco de intención y práctica constante.
Y recuerde que cada pequeña acción cuenta para avanzar hacia una sociedad más inclusiva.
Puede que unas palabras parezcan muy poco, pero es importante comunicar lo que realmente creemos, en beneficio de todas las personas con las que compartimos y convivimos.
¡Accione con intención desde lo simple!
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